martes, 20 de septiembre de 2011

MIS HIJOS, SUS AMIGOS Y SUS PADRES

Plácidamente soñando en mi "kit kat" nocturno, imagino ser el indomable Luis Aragonés, otrora laureado seleccionador de fútbol, haciendo uso de una de sus frases más célebres y cito " por favor no me presenten a nadie más que ya conozco a mucha gente".

Desgraciadamente, despierto de mi letargo para reunir el ánimo necesario que me ayude a saltar de la cama y comenzar un nuevo día con las pocas ilusiones que le quedan a uno después de tanto mazazo recibido.

Les hablo de este personaje porque es mi ídolo, no se corta un pelo y hace de su capa un sayo sin importarle lo que puedan decir de él. Este hombre si le apetece no saluda, si lo ve bien ese día, le espeta a cualquier voceras una retaila de lindezas y aún cuando resulte maleducado, ese rictus de hombre sabio que le otorga su pelo blanco lo disculpa todo.

Uno que ni ha sido seleccionador, ni futbolista, ni tiene el caché de este personaje, se tiene que limitar a ser educado con todo el mundo, saludar con amplia sonrisa cuando lo que desea es mandar a la mierda al más pintado y escuchar con fingido interés los insustanciales soliloquios de los "amigos" que nuestros hijos han puesto a nuestro servicio para compartir momentos de deporte, salas de espera y hermanamientos de toda índole.

Mis hijos, que además de su habitual estancia colegial, realizan multitud de actividades extraescolares, me regalan tal cantidad de "amigos" con los que tengo que alternar me apetezca o no, que sólo me queda pensar que la felicidad de un hijo está por encima de cualquier apetencia personal.

Ente tanta maraña amistosa siempre hay alguno que merece la pena, por ello, me veo resarcido del otro tanto por ciento restante que sólo ve en tus hijos un competidor que intenta hacer imposible la vida del niño o niña de sus amores.

Como los padres somos como somos y ejercemos nuestro cargo por encima de cualquier circunstancia, nos tragamos todo lo que nos echan encima y pletóricos de hipocresía nos sentamos a la mesa del engaño, dispuestos a no errar en la misión que inconscientemente recibimos de nuestros hijos "Sed buenos y llevaos bien".


Que injusta es la vida, primero tienes que lidiar con tus propios amigos y no contento con ello, recibir con gallardía al sobrero que desencajonan tus hijos.

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