viernes, 13 de febrero de 2009

EN RECUERDO DE MARTA

Nuevamente nos asalta la terrible noticia de la desaparición de una joven de 17 años, que tras disfrutar de una noche de ocio y diversión, dejó vacía su cómoda habitación, para llenar de incertidumbre el corazón de su familia y por empatia, de millones de personas potencialmente susceptibles a situaciones similares.

Quiero comprender el terrible dolor que deben sentir sus padres y allegados y digo que quiero, porque jamás podré alcanzar el sentimiento de vacio que deben tener dichas personas en este momento.

En este caso es Marta, que comparte nombre con mi hija, otras veces es MariLuz, María, Jennifer, Mª José o Natalia, pero ¿importa eso? el problema es que estos hechos siguen ocurriendo y que nadie pone remedio para que no ocurran.

Debiéramos de empezar desde nuestros propios hogares, y por la educación que damos a nuestros hijos. La importancia de potenciar los valores morales, éticos y educativos han quedado relegados a un mero negocio, en el que los hijos piden y los padres regatean en busca del mejor acuerdo.

De igual forma, la sociedad en la que vivimos no nos ayuda en nada a la educación de nuestros hijos. ¿Es normal que un niño o niña de 14 años esté a las cuatro de la mañana por cualquier rincón de nuestras ciudades o pueblos y que tenga alcance a cualquier tipo de bebida alcohólica o sustancia nociva?
Siempre he pensado que algo así se debiera regular desde la Administración, pero quizás esté más ocupada en mirar hacia otra parte, con el único ánimo de llenar sus putrefactos bolsillos con
dinero del erario público.

Y no hablemos de la Justicia. Se me desgarran las entrañas pensando como sinvergüenzas, criminales, pederastas, asesinos y demás escoria, quedan en libertad en algunos casos por la inexplicable incompetencia de la Administración de Justicia y en otros por la levedad de las penas impuestas o por la magnanimidad del sistema penitenciario español.

Marta, donde quiera que estés, piensa que tu causa, es la causa de todos, tu sufrimiento es el nuestro y que cada día que pasa sin tí, es un martirio que por conocido, no deja de mellar nuestro corazón con heridas de incomprensión.

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